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sábado, 29 de diciembre de 2018

[‪#DIARIODEVIAJE] Costa Rica, la tierra del ecoturismo

Costa Rica se caracteriza por ser un importante destino ecoturístico. La naturaleza, el sol, sus playas, sus volcanes, son sus grandes atractivos.
Cuando cursaba Turismo en la facultad, muchas veces habíamos hablado, estudiado, leído sobre el desarrollo turístico en Costa Rica. Por ese entonces, me resultaba un lugar bien remoto, y casi que no entraba en mi universo de posibilidades conocerlo realmente, aunque sí me resultaba interesante poder hacerlo.
Tiempo después, en un viaje a Perú, conocí a una persona de Costa Rica, y la posibilidad de conocer ese país se me hizo más cercana, más realista. En eso pensaba mientras por la ventanilla del avión observaba una geografía caprichosa y desconocida, con sus montañas, sus volcanes y dos océanos bordeando sus costas. 
Llegué a San José, la capital, al atardecer. Desde el aeropuerto, tenía que tomar un bus hasta el centro de la ciudad. Estaba un poco desorientada y una mujer que percibió mi incertidumbre se ofreció a acompañarme a la parada de buses. Al mismo tiempo que acepté su ayuda, un poco desconfié porque razoné que mi inseguridad me convertía en un blanco fácil. Sin embargo, la mujer me dio una enorme lección de solidaridad y buena onda. Me preguntó de dónde era, y cuando le dije que de Argentina, enseguida me habló del choripan y de Boca. Después, me ofreció unas monedas para que pudiera pagar el pasaje ya que me dijo que de lo contrario iban a cobrarme una tarifa más cara.
Subí al bus con destino a San José, pero el horario era el peor para transitar por la zona, con lo cual, por tramos, era como andar a paso de hombre. El chofer me indicó dónde bajarme. Ya era de noche y no tenía idea de cómo manejarme en el lugar. Pregunté a unos choferes de taxi y desconocían la dirección que les daba. Eso aumentaba mi preocupación e incertidumbre. Sin embargo, llegué bien, sana y salva. 
Al día siguiente, el free walking tour fue el encargado de llevarme a recorrer los principales hitos de San José. El paseo comenzó en el Teatro Nacional, una joya arquitectónica, y uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Luego, visitamos la Catedral, el mercado, construcciones características y también degustamos café en una cafetería temática. El tour demandó varias horas, y casi al finalizar, se largó un aguacero muy intenso. Pero al rato, ya estaba saliendo nuevamente el sol.
La experiencia de conocer San José, es tan interesante como lo es conocer cualquier ciudad capital. Sus principales atractivos están en los edificios, las expresiones culturales, la impronta religiosa. Pero sin dudas, su mayor valor radica en que es un importante punto de conexión hacia los destinos más diversos del país. Tiene varias terminales de buses desde donde se puede visitan destinos más lejanos, pero también hay buses semi urbanos para visitar los alrededores.
Desde San José, una de las excursiones bien típicas y tradicionales, es la visita al Volcán Irazú. Con una amiga que conocí en el hostel, nos pusimos de acuerdo, y nos organizamos para tomar el bus que nos llevaba al Parque Nacional Irazú. 
El bus sale puntual desde la zona del Teatro Nacional, y en su recorrido circula por áreas rurales que ofrecen un paisaje muy bello. Me asombró la presencia de tantas plantaciones de cebolla y otros cultivos como zanahoria y papas, además de algunos frutales.
Llegamos al Parque donde debimos pagar el acceso cuya tarifa estaba diferencia entre los nacionales y los extranjeros. Las pasarelas nos llevaban a recorrer los miradores que daban a los cráteres del volcán. Sin embargo, en ese preciso momento, el cielo se mostraba nuboso, con una importante neblina que impedía observar justamente lo que fuimos a ver. Recorrimos la zona, cubierta de arena volcánica, observamos la vegetación y nos quedamos un rato esperando a que el cielo se despejara. La misión parecía imposible, porque contrariamente a lo esperado, la visión se reducía cada vez más. Pero todo tiene su recompensa. Así que al cabo de un rato, como si se tratara de un milagro, el cielo se abrió, el sol iluminó la laguna de agua turquesa y todos los que estábamos esperado observar el cráter nos sentimos felices del regalo que teníamos frente a nuestros ojos.
El bus en el que habíamos llegado, era el mismo que nos llevaba de regreso. Así que lo tomamos, pero decidimos bajar en Cartago, un pequeño poblado que entre sus atractivos tiene una Iglesia imponente, llena de ornamentaciones donde se observa el sincretismo religioso, con una intensa manifestación de fe por parte de los fieles. Después visitamos las ruinas de un templo inconcluso, con sus bellos jardines, recorrimos la estación de trenes, y el mercado. Sin embargo, ya por el horario, muchos de los puestos estaban cerrados y el ambiente circundante era bastante intimidante.
Fuimos a la terminal y desde allí, tomamos un bus con destino a San José. Fue una jornada intensa, agotadora. Degustamos platos típicos, caminamos, observamos bellos paisajes. Ese fue mi último día en San José. Al día siguiente partiría con destino a conocer otra parte de ese bello territorio.
La postal de San José fue la primera que capté en mi estadía en Costa Rica. Después de conocer otras zonas de gran belleza paisajística, entendí por qué muchos me habían recomendado no permanecer en la ciudad. Como en cualquier otro distrito federal, están las sedes administrativas, las principales empresas, el trajín rutinario de las personas que caminan con prisa. Es una forma de zambullirse en la dinámica de otra cotidianeidad, donde los demás van apurados, y una recorre esos mismos espacios en cámara lenta.
Si alguien tiene interés en visitar Costa Rica, el paso por San José termina siendo necesario para desplazarse hacia otros sitios. Depende de los días con los que se cuente, la realidad es que el país centroamericano tiene muchos lugares hermosos y más apacibles para disfrutar. Como la naturaleza y las playas son su principal patrimonio, lo ideal es poder aprovecharlo todo al máximo. 
Sin embargo, un dato a tener en cuenta, es que Costa Rica es un país caro. Tanto para extranjeros como para locales, la percepción es que la estadía es costosa. Si bien se puede ahorrar haciendo excursiones por cuenta propia, o evitar comer afuera, y cualquier gasto superfluo, lo cierto es que llevando cualquier producto o servicio al equivalente en dólares, se necesitan mayores recursos que para visitar otros países. Sin embargo, el costo lo vale. La experiencia es agradable tanto por la belleza del paisaje, cuanto por las actividades y cuidado de la naturaleza como por la amabilidad de la mayoría de las personas. 
¿Estuviste en Costa Rica? Podés contarnos tu experiencia. 

San José

San José

San José

San José

Catedral San José

San José

San José 

San José

San José

San José

San José

San José

San José

San José

San José

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Parque Nacional Irazú

Cartago

Iglesia de Cartago

Iglesia de Cartago

Iglesia de Cartago

Ruinas de Cartago

Ruinas de Cartago


Ruinas de Cartago

Ruinas de Cartago

Cartago

Cartago

Cartago


Cartago


Trenes Cartago







domingo, 15 de julio de 2018

[‪#DIARIODEVIAJE] Cartagena mágica

La primera sensación que me abrazó cuando llegué a Cartagena fue su calidez. Pero su calidez pegajosa, pesada. Literalmente me sentí en un ambiente calefaccionado en un día de verano. Y eso que se supone que el aeropuerto estaba climatizado. O por lo menos eso esperaba.
Estaba cayendo la tarde cuando me encontré en las puertas de la estación aeroportuaria.
Ese horario no me dejó más opción que tomarme un taxi. No me resultó un viaje largo, pero siempre me genera desconfianza que me vayan a cobrar de más. Creo que la tarifa cobrada estaba acorde al trayecto. Llegar al anochecer fue mágico. La tonalidad amarillenta de las luminarias, el estilo colonial de las construcciones, era todo asombroso. Como si al atravesar la muralla me encontrara en una postal sepia donde los carruajes conducidos por señores de levita me hubieran trasladado en el tiempo.
Alrededor de la plaza cercana había bares y restaurantes, puestos de venta de comida, algunos vendedores de artesanías y algún artista callejero regalando sus canciones al público disperso. Todo era una maravilla.
Aunque llegué por la noche, igual salí a dar una recorrida. Pero al día siguiente el free walking tour fue una opción necesaria para conocer los secretos de esa ciudad mágica y misteriosa. Este recorrido se hace dos veces al día (a las 10 de la mañana y a las 16 por la tarde), a cambio de propinas. Hay que reservar a través de la web, así que previendo que por la tarde el clima sería más caluroso por la tarde, tomé el tour de la mañana. Y no me equivoqué, el calor de la tarde era abrumador. Pero el de la mañana, también. Es fundamental comprarse un sombrero, y para eso hay gran cantidad de vendedores ambulantes por todos lados. Compré uno.
El circuito se inicia en la plaza Santa Teresa, frente al Museo Naval. Luego, se continúa por los puntos más emblemáticos de la ciudad amurallada. El antiguo edificio del periódico en el que Gabriel García Márquez ejercía como periodista, la iglesia de San Pedro Clever, la muestra de obras que se esparcen a su alrededor, la historia de las palenqueras (mujeres que lucen atuendos típicos y venden frutas, a cambio de permitir que les tomen fotos), la Plaza del Reloj, la Catedral, las construcciones típicas, para terminar el tour en el otro extremo de la ciudad, luego de casi 3 horas de caminata.
En las esquinas es común encontrarse con puestos ambulantes de venta de frutas frescas. Recipientes tan tentadores tanto por su contenido como por su precio. Los vendedores de arepas y otras comidas rápidas, son una interesante propuesta gastronómica para poner a prueba el paladar con sabores típicos.
Las murallas que delimitan la ciudad le otorgan un halo de misterio. Más allá, el mar siempre presente ofrece una bella postal. En los baluartes, puntos fuertes de la muralla, se reúne el público para observar el atardecer. La mirada se pierde en el horizonte donde el sol tiñe el agua y el cielo de un anaranjado intenso. Cuando el astro rey termina de caer, ya las luces iluminan la ciudad.
Al anochecer, las plazas son lugares de encuentro y de socialización donde se reúnen artistas callejeros, feriantes, artesanos y público. Es también el horario en el que los carruajes salen a pasear a los turistas.
Entre los sitios más característicos para visitar en Cartagena, se encuentran el Museo del Oro con sus diversas piezas precolombinas  y el Museo de la Inquisición. Ambos conforman una propuesta para conocer parte del patrimonio del lugar, pero fundamentalmente se convierten en un refugio frente al calor que abruma.
El Castillo San Felipe es un sitio emblemático. Imposible no visitarlo. La fortificación es el símbolo de una época colonial que tenía a Cartagena en la mira de los invasores tanto franceses como ingleses. Es una construcción pensada como un sitio clave para la estrategia militar. El recorrido por el Castillo requiere de un guía que lleve a comprender la importancia del lugar y revelar el uso de los distintos compartimientos. El recorrido lleva algunas horas, y el calor, hay que repetirlo, se hace sentir, sobre todo cuando se recorren pasillos húmedos, oscuros y sin ventilación o cuando toca estar bajo el rayo del sol.
Getsemaní es un pintoresco y bohemio barrio en las afueras de la ciudad amurallada. Recorrerlo es una aventura que permite descubrir detalles arquitectónicos y de ornamentación, los rituales de los jóvenes que la transitan, y que se apoderan de la plaza principal, de bares y restaurantes.
El puerto desde donde salen las embarcaciones que llevan a conocer las islas cercanas, es también un punto de concentración de público. Tanto las agencias de turismo como quienes hacen excursiones por su cuenta, se congregan por la mañana a la hora de salida de las embarcaciones. El archipiélago de las Islas del Rosario es el más popular. Allí, los tours llevan al público que quiere conocer el oceanario, y a quienes quieren practicar snorkelling, una actividad sumamente recomendable no sólo por la gran cantidad de peces coloridos que se observan, sino porque el precio es muy accesible.
La Isla Barú, con sus playas de arena blanca es uno de los sitios a los que se puede llegar también con las embarcaciones que parten del muelle. Barú se incluye en los tours por el día que llevan a conocer las Islas del Rosario, y es también un destino que suele ser elegido para pasar algunos días de sol, playa y tranquilidad.
Los días en Cartagena fueron realmente mágicos. Era como estar en otro espacio tiempo. Como haber pegado un salto al vacío y caer en un libro de cuentos asombrosos. En sus calles empedradas y estrechas, sus ventanales coloniales, sus balcones trabajados, sus puertas ornamentadas, sus personajes típicos, la musicalidad de su rutina, en sus detalles, en todo hay una belleza que atrae y que la hace única. La estadía en la ciudad fue un paréntesis para andar, para reflexionar, para perderse y volverse a encontrar.
Visitar Cartagena es enamorarse de una ciudad mágica y hermosa, es soportar su clima sofocante, acostumbrarse a la intensidad del sol, adaptarse a su ritmo, amar sus rincones. Es entregar el alma a la sumatoria de instantes supremos donde todos los sentidos se llenan de esa sensación de plenitud que podemos llamar felicidad. Es dejarse atrapar por su calidez, disfrutar de sus particularidades y quedarse con la sensación de buscar volver.
¿Estuviste en Cartagena? Compartí tu experiencia.