Con esa expectativa llegué a Montevideo. Otra vez Montevideo. Una ciudad que me atrapa con su fisonomía llena de nostalgia, de melancolía. Siete meses antes la había recorrido luego de un intento fallido y después de mucho tiempo de no visitarla. El carnaval me llevaba por tercera vez en menos de un año a pisar otra vez sus calles, a respirar su aire, a mezclarme con su rutina.
Antes de viajar había realizado algunas averiguaciones con el personal de información turística. No me habían dado muchas precisiones, me derivaban a contactar con la página del Museo del Carnaval. Lo hice. Tenían información de las fechas de presentaciones y los costos de las entradas. El desfile de las llamadas se realizaría un día antes de mi llegada, pero luego, todas las presentaciones tenían costo. Esperaba poder asistir a algùn evento gratuito como los que forman las murgas porteñas. Pensé que aunque no lo informaran, probablemente podría encontrar alguna murga haciendo su presentación en algún parque o espacio público y en forma gratuita. No fue así.
Es cierto que muchas personas llegan a Montevideo buscando participar de los eventos de carnaval, y aunque muchos negocios cerraban sus puertas durante los días de la festividad, no se notaba entre los locales mucho entusiasmo ni recurrencia a participar ni hablar del carnaval. Pensé que se trataba de una percepciòn personal, pero a medida que fui entablando diálogos con otros visitantes, advertí que era una opinión compartida.
El Museo del Carnaval queda en la ciudad vieja, en la zona portuaria, Pregunté en Informes Turísticos acerca de cómo llegar y qué tal era la zona para transitar por la noche puesto que ese era uno de los sitios en los que se podía asistir a los festejos. También había presentaciones en el Parque Rodó y el Parque Batlle. Las entradas tenían costo, pero las más accesibles eran en el Museo, que además incluía una visita guiada por el lugar. Los otros dos eran eventos masivos. Tenía intenciones de asistir al Museo. Sin embargo, desistí cuando el hombre, mientras me daba indicaciones en un plano, me dijo que la zona no era muy recomendable por la noche. Los colectivos me dejaban a unas cuadras y la mejor opción era tomar un taxi. No me convenció.
La opción de asistir a las presentaciones en cualquiera de los parques la descarté porque había amenaza de lluvia y aunque era una probabilidad, lo cierto es que el evento se suspendía en caso de mal clima, y yo no tenía margen para asistir otro día. Ya había sucedido que el desfile de Llamadas había tenido que suspenderse debido al aguacero.
Fue algo del carnaval, no fue todo lo que esperaba, pero como dicen, para muestra, basta un botón.
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