domingo, 19 de julio de 2015

[‪#‎INFOTURISTICA] Lugares imperdibles para visitar en Asunción

Como toda ciudad capital, Asunción despierta la curiosidad. Su esencia de eje administrativo es motivo suficiente para conocer sus tesoros.
La Plaza principal es como un hormiguero por donde circula gran cantidad de gente. A su alrededor la feria de artesanías es un muestrario abundante de tejidos, platería, cuero y cerámica que caracterizan a las manufacturas de la ciudad. En cada esquina puestos con jarras de agua helada y varias hierbas naturales que machacadas en un mortero, son materia prima del tereré, ese mate helado tan típico del Paraguay.  Son tan frecuentes los puestos de despacho de la bebida que se vende como chipa caliente.
Las calles del centro histórico son como un túnel del tiempo que llevan a mezclarse entre edificios de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Son referencia obligada el Panteón de los Héroes, la Catedral, el Cabildo, la Casa de Gobierno y la Manzana de la Rivera. Tanto esos edificios, como otros privados y particulares se engalanan con los colores patrios para la celebración de la independencia. Es un espectáculo aparte observar la fachadas pobladas de banderas, todo se tiñe de blanco, azul y rojo. La celebración de la autonomía nacional dura todo el mes de mayo donde no faltan los espectáculos de fuegos artificiales.
La antigua estación del ferrocarril es un edificio monumental reconvertido en museo. Mediante el pago de una entrada, se accede a recorrer las diferentes salas que muestran objetos relacionados al ferrocarril y que relatan la historia de su desarrollo y también su desaparición. Una locomotora en exhibición es testimonio de las máquinas que circularon por el país uniendo distintos poblados. Un vagón estacionado frente al andén de la estación es una invitación a viajar por el tiempo un ratito como se viajaba en el pasado.
La casa de Augusto Roa Bastos, el escritor emblemático del Paraguay, también abre sus puertas para mostrar al público sus habitaciones con bibliotecas, mobiliario, pisos y techos originales.
El puerto y la costanera ofrecen un extenso paseo para disfrutar de la vista del río y actividades de esparcimiento. Los espacios verdes y los centros comerciales son opciones frecuentes para disfrutar del tiempo libre.
El recorrido por el centro histórico permite conocer la esencia de Asunción. En sus calles se mezcla el deambular de la gente con sus costumbres y se adivinan diálogos en español y guaraní y una tonada que tiene una sonoridad particular. Se puede circular a pie, utilizar las líneas de ómnibus urbanos que conectan con distintos puntos cercanos y también hay espacios para la circulación exclusiva en bicicleta.  Las varias líneas de colectivo que transitan sus calles son vehículos pequeños, minibuses que se llenan y rebalsan con facilidad.
En Luque se encuentra el Museo Sudamericano del Fútbol, también el aeropuerto. Cerca de Asunción, un extenso predio se prepara para la recepción de los miles de feligreses que esperan la llegada del Papa Francisco. Los lugareños se sienten felices con la visita, y lo expresan con entusiasmo. Saben que será una buena oportunidad para recibir a miles de turistas.
Las calles de Asunción son una tentación a conocer el corazón del país. Un punto lleva a recorrer otro y en ese deambular se van revelando las postales más típicas de la capital paraguaya. Es un muestrario de historia, de cultura, de tradiciones que mientras se tenga la posibilidad, hay que conocer.








Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Museo del Ferrocarril

Casa Augusto Roa Bastos

Casa Augusto Roa Bastos

Casa Augusto Roa Bastos

Casa Augusto Roa Bastos

Casa Augusto Roa Bastos


Casa de la Independencia


Casa de la Independencia

Casa de la Independencia



Casa de Gobierno

Puerto

Vista de la Casa de Gobierno desde la Costanera.


jueves, 25 de junio de 2015

[‪#‎DIARIODEVIAJE‬] El Museo del Fútbol Sudamericano

Estaba entre la oferta de los lugares a visitar en Asunción. Aparecía como una propuesta distinta a lo que esperábamos encontrar en Paraguay. La opción de visitar el Museo del Fútbol Sudamericano se presentaba como un tómalo o déjalo. Venían días feriados y el lugar iba a estar cerrado, así que si lo queríamos visitar tenía que ser inmediatamente. Previamente había que llamar para agendar la visita, de lo contrario, sería imposible. En la Oficina de Turismo hicieron la gestión que nos habilitó a recorrerlo.

El Museo de la Conmebol fue inaugurado en 2009 por la Confederación Sudamericana de Fútbol. Está ubicado en la localidad de Luque, a unos 20 kilómetros de la capital paraguaya. Desde el centro algunas líneas de colectivo nos llevaban hasta el Museo. El trayecto demandó más o menos una hora de viaje. El colectivo comenzó a superpoblarse hasta el punto de que los últimos pasajeros estaban casi en su totalidad afuera del bus, apenas aferrados del pasamanos.
Nos bajamos en la esquina del predio. Los edificios de la Conmebol eran como una isla en medio de un paisaje de construcciones bajas. En su atractivo parecían transportar hacia otra dimensión. Una pelota gigante era el centro de una fuente alrededor de la cual se encontraban otras. Una auténtica fuente de fútbol.
A pesar de haber realizado la reserva desde Turismo, cuando llegamos al lugar, la seguridad no nos permitía el acceso si no teníamos la autorización de la Conmebol. Le explicamos la gestión realizada por la Oficina de Turismo, y cuando el vigilante ya nos estaba despachando, a través del handy le dieron la orden de dejarnos pasar.
En el recinto donde está el museo temático funciona también un centro de exposiciones. El salón al que se accede es imponente. Apenas se atraviesa, las copas colocadas en vitrinas, deslumbran. El guía del Museo sale a recibirnos. Nos pregunta de dónde veníamos y nos da las indicaciones del caso. Luego, la información acerca de nuestra procedencia la utilizará para dar cuenta de sus conocimientos de los clubes de fútbol de Argentina. A cada rato aparecerá con algún comentario de jugadores, datos históricos y hasta un desafio... si responde correctamente se hace acreedor a un premio! Simbólico pero desafiante, entretenido, sólo para saborear un instante de gloria, quizá como todos los que dejaron su estampa en la historia del fútbol sudamericano.
Los paneles hablan de momentos gloriosos, de triunfos que llevaron a equipos de distintos países a alcanzar el podio de la victoria. Muestran las jugadas, relatan anécdotas, exhiben camisetas, cuentan estadísticas, rescatan la memoria colectiva. Cada año está reflejado en un panel diferente con las copas jugadas en ese período. Es una forma de viajar al pasado y revivir la historia de los clubes y también rememorar la pasión y la gloria.
La cultura de cada uno de los países de Sudamérica, los elementos que hacen a su esencia y su identidad están también representados en espacios dedicados a cada nación, porque el fútbol es parte de ese ser nacional y de sus tradiciones. Es un factor importante de unión entre los pueblos y de esperanza. Es un mecanismo de integración social, un generador de talentos y de magia.
La importancia del fútbol para Sudamérica es la temática del video que se proyecta en el espacio audiovisual donde también se le rinde tributo a las personalidades más destacadas en ese deporte de cada país.
Después de conocer el lugar, recorrer cada una de las vitrinas con las copas más importantes del fútbol sudamericano, el visitante obtiene una visión amplia e integradora del significado del fútbol sudamericano para la región. Imposible no contagiarse de la pasión y la emoción futbolera, más allá del negocio que se mueve a su alrededor.
Al día siguiente de la visita al Museo del Fútbol Sudamericano tenía lugar el partido en el que River y Boca se enfrentaban por el pase a la siguiente ronda de la Copa Libertadores. El encuentro fue puro desencuentro, quizá el antipartido y una muestra de antifútbol. Imposible no imaginarse qué dirían en el futuro los paneles que relaten los episodios de la edición 2015 de una de las copas más preciadas de Sudamérica.
Como experiencia es interesante conocer la mirada que la Conmebol tiene sobre el fútbol, que no deja de ser parte de lo que se transmite a través de los diversos medios de comunicación pero que también tiene raigambre en la idiosincrasia de los pueblos. Es una mirada, y como tal, es entretenido e interesante asomarse a ese mundo que también es redondo y que según dicen, "no se mancha".
La recorrida lleva al menos dos horas, la entrada es gratuita, pero siempre es necesario acordar previamente la visita.  
















domingo, 14 de junio de 2015

[‪#‎DIARIODEVIAJE‬] El cruce a Paraguay

La idea original era alojarse en Clorinda. Pero la oferta es poca y el precio elevado. Así fue como surgió la opción de reservar un hostel en Asunción.
Llegamos a Clorinda a eso de las 19 hs. Ya estaba oscureciendo. Nos informaron los horarios a Laguna Blanca, dato que necesitábamos para ir al Parque Nacional Pilcomayo. También nos dijeron que allí no podíamos encontrar una oficina de Turismo. Incrédulos, decidimos recorrer las calles en busca de información. Tomamos la avenida principal, caminamos unas cuadras, preguntamos en un negocio. Nos miraron asombrados, y luego dijeron "acá no hay turismo, gracias si hay gente".
Era cierto. El turismo estaba lejos de ser un punto fuerte de la ciudad. Pensamos que frente a la plaza principal encontraríamos la municipalidad y que tal vez ahí pudieran ayudarnos. Encontramos la plaza cerrada por obras que se estaban haciendo y las únicas instituciones eran el correo, que ya estaba cerrado, y la policía a quienes ya habíamos preguntado por un plano y no supieron informarnos.
Dimos unas vueltas por la ciudad. No había demasiado para ver. Una ciudad pequeña, con muchos comercios de venta de productos al por mayor. Unas cuadras más adelante había otra plaza, y frente a ella, la Iglesia principal. Preguntamos en la plaza cómo podíamos llegar hasta el Puente Internacional San Ignacio de Loyola para hacer el cruce de frontera a Paraguay y llegar hasta Asunción.
El puente está ubicado a 5 kilómetros de Clorinda. Desde el puente son aproximadamente unos 40 kilómetros hasta el centro de la capital paraguaya. Ya estaba anocheciendo, y a esas horas ya no circulaba el colectivo de línea que hace el trayecto desde Clorinda al puente. Nos subimos a un remis, y el conductor nos contó algunos detalles como los horarios de colectivos, y el cambio de divisas.
Me sentí en una película de mafia cuando uno de los cambistas se asomó al auto e hizo su oferta. Desistimos. Avanzamos un poco más y ya del lado paraguayo hicimos el cambio, ciertamente fue menos conveniente que la primera opción, pero no íbamos a regresar al lado argentino para hacer el cambio.
Hicimos los trámites en migraciones. Ya estábamos oficialmente en territorio paraguayo. El problema era cómo llegar al centro de Asunción. Los colectivos a esa hora, ya no circulaban. El remis nos salía una fortuna y además no teníamos los guaraníes suficientes. La alternativa era compartir el remis hasta una rotonda que es por donde pasan varias líneas de colectivos que podían llevarnos a destino. Eso fue lo que hicimos porque si bien el precio nos pareció elevado y algo regateamos, lo cierto es que si no nos decidíamos, nos íbamos a quedar varados allí. No era una buena idea quedarse a pasar la noche en el puesto de frontera.
Bajamos en la rotonda junto a nuestros acompañantes, que se fueron enseguida, apenas vino su colectivo. Pero en nuestro caso, el número de micro que nos habían indicado no se presentaba. Corrían los minutos, y nada. Le preguntamos a un hombre que estaba en la parada, y nos indicó que había otro bus que nos llevaría hasta el centro y que era el que él pensaba tomarse, por lo cual nos guiaría para que pudiéramos bajarnos bien. Así lo hizo. Al cabo de unos 40 minutos, llegamos al centro, caminamos dos oscuras cuadras y llegamos al hostel.
Esa noche se nos hizo eterna. El viaje, por demás extenso y un poco fuera de nuestro presupuesto. Pero llegamos, y fue lo que contaba. Pasamos allí 3 noches, y cruzamos la frontera tres veces más. En todos los casos, utilizamos el colectivo de línea cuyo boleto tenía un valor de 6 mil guaraníes.
El viaje en colectivo era una aventura en sí misma. Al principio subimos y pensamos que teníamos que pagar el pasaje, pero nos dijeron que pasáramos. No entendíamos bien por qué no nos cobraban hasta que nos dimos cuenta que los que hacían un tramo más corto pagaban el pasaje al subir, mientras que los que iban hasta el puente pagaban al bajar. Es un colectivo bastante pequeño pero que se llena de gente, y además suben todos bastante cargados. Sobre todo cuando hacen el trayecto de regreso, ya que muchos compran productos por mayor en Clorinda porque les resulta más económico que en Paraguay.
En el camino suben los vendedores de chipá. Dicen que está caliente y recién hecho, y es argumento suficiente para vender algunas piezas. Muchos de los pasajeros se conocen entre sí, y hablan de un asiento a otro. Por momentos el colectivo es un cotorrerío constante. Pongo atención a la forma en la que hablan. A veces es difícil entenderles. Más tarde, el chico que trabaja en el hostel, me dirá que posiblemente sea a consecuencia del guaraní que les cuesta expresarse. Cree que ese dialecto los obliga a tener una fonética más cerrada que los limita para expresarse.
La cercanía del puesto de control de aduana genera movimientos en el colectivo. El ayudante del chofer se apura a acomodar los bultos de modo que pasen inadvertidos. Y lo logra, la vigilancia hace un control rápido y no nota nada extraño, el viaje continúa.
A diferencia de lo que fue el primer cruce, la dinámica se nos hizo más familiar con cada viaje. Finalmente no nos resultó tan difícil el trayecto a cubrir entre el Puente y Asunción. Los viajes en colectivo nos permitieron no sólo viajar con bajo presupuesto, si no también un acercamiento a la rutina de los que viven cerca de la frontera. Los vimos moverse, hablar, reír, interactuar. Nos dieron sus consejos y nos ayudaron a llegar a destino. El cruce a Paraguay, sin dudas, fue toda una experiencia.





sábado, 30 de mayo de 2015

[‪#‎DIARIODEVIAJE‬] Parque Nacional Río Pilcomayo, Formosa.

La idea de visitar el PN Río Pilcomayo era en sí misma una aventura. La fantasía dictaba que podíamos llegar hasta ese rincón de la provincia de Formosa y contar con la posibilidad de ver osos hormigueros, y otras especies infrecuentes como el aguará guazú y el coatí, por mencionar sólo algunas, en su propio hábitat. La realidad, fue distinta.
Pero nos embarcamos en esa aventura. Sin vehículo, llegar hasta el lugar, es todo un desafío. El Parque se encuentra al noreste de la provincia, ocupa una superficie de 47 mil hectáreas a orillas del río homónimo. Para acceder hay dos opciones. Una es la entrada desde Laguna Naineck, y la otra, desde Laguna Blanca. Ambas localidades se encuentran sobre la RN 86, en los kilómetros 173 y 183 respectivamente.
El micro tiene una sola frecuencia para la ida y claramente, una sola para la vuelta, con muy poco margen de tiempo para recorrer todo el Parque. Nos habían hablado de unas combis, que nunca llegamos a ver, pero que al parecer no serían las típicas combis, si no remises compartidos. De todas maneras, si bien estaba planteado como opción, nunca dimos con ellos. Nos tomamos el micro, que alcanzamos de casualidad, hasta Laguna Blanca.
En la Intendencia de Parques Nacionales nos informaron que debido a las lluvias recientes el sendero de Laguna Blanca a Estero Poí estaba intransitable. La única opción era volver a la zona de Naineck y recorrer los senderos que bordeaban la laguna. El ingreso al Parque está a unos 5 kilómetros por camino de ripio desde la RN 86. Conseguimos que nos llevaran en vehículo. Al llegar al Parque, nos encontramos con que el sendero de los monos carayá estaba inundado. Toda la zona parquizada y de recreación que está en el ingreso se veía bastante cubierta de agua. De modo que fuimos por los senderos que bordean la laguna.
Las aves pequeñas, coloridas, enseguida nos llamaron la atención con sus sonidos, pero parecían querer jugar a las escondidas. Imposible hacer piedra libre con el click de la cámara.
Las pasarelas se encuentran rodeadas a ambos lados por vegetación alta. Sopla el viento, las hojas se agitan, hay silencio alrededor, y se oyen los sonidos de la naturaleza. Estás como en una película de suspenso donde sabés que en cualquier momento te puede sorprender lo peor. Un poco de miedo te da. Y de vértigo. Y de adrenalina. Pero avanzamos por la pasarela observando el hábitat acuático de los repollitos de agua y otras plantas acuáticas, algunas con flores, y se observaban muchos caracoles de tamaño grande, aunque la mayoría eran solo la coraza, ya que son el alimento de algunas aves picudas.
Un poco más adelante, nos encontramos con dos yacarés que al parecer decidieron quedarse a tomar sol, justo en nuestro camino. Sacamos unas fotos, pero al advertir nuestra presencia, uno de ellos se movió y mostró sus dientes. Momento de tensión.
Retrocedimos y seguimos por el sendero en dirección al otro mirador. El paisaje transmitía mucha tranquilidad. Daban ganas de quedarse un buen rato ahí, simplemente observando el lugar. Pero teníamos que volver, el horario del micro nos apremiaba. Cuando estábamos deshaciendo el camino, la vimos. Apostada sobre unas cañas, inmóvil pero intimidante también, una boa curiyú descansaba a la vera de la pasarela. Al rato se movió y nos asombró con el sonido que hacían las cañas al doblarse con sus movimientos. Nuevo momento de tensión. Exploramos el sendero que nos faltaba, volvimos a observar a los yacarés, y ya no nos quedó mucho más tiempo. Nos esperaban 5 kilómetros por el camino de ripio y rogar para alcanzar el micro de regreso a Clorinda.
La zona donde está el Parque Río Pilcomayo está habitada por miembros de la comunidad Qom. Ellos son pequeños productores agrícolas y sus campos, anexos a sus viviendas, están cultivados de zapallos, batatas, algodón, bananas y algunas frutas exóticas. Eso me llamó la atención, después me enteré que hay bastante trabajo que impulsa el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) para diversificar la producción agrícola teniendo en cuenta el clima y las características del suelo.
En el camino, vimos aves coloridas. Muchos cardenales, pájaros carpinteros, colibríes, benteveos, y muchos otros que quizá no sabíamos el nombre. Era imposible avanzar rápido, a cada momento algo llamaba mi atención. Un cultivo, un pájaro, un árbol, gente que pasaba en ciclomotor. Finalmente terminamos haciendo dedo para que nos acercaran hasta la ruta. Se detuvo una maestra que se encargaba de la distribución de computadoras en las escuelas y justo volvía de hacer esa diligencia en la escuela de la comunidad. Nos dejó en la ruta y se perdió en el camino rumbo a Laguna Blanca.
No tuvimos que esperar mucho tiempo. Por suerte, el micro hizo su aparición antes de lo que pensábamos y cuando ya el gendarme apostado en esa misma esquina, nos empezaba a alertar que a veces los micros no llegaban y a sugerirnos tomar un remis para el regreso. Afortunadamente, no hizo falta. Vimos con ojos alegres cómo el micro de la Empresa Godoy se acercaba,
Quizá no pudimos recorrer todo lo que esperábamos. Tampoco logramos cruzarnos con la variada fauna que habita en el Parque. Pero al menos pudimos llegar, conocerlo, y aprender. Superamos el desafío, y valió la pena.