miércoles, 8 de abril de 2015

[‪#‎INFOTURISTICA‬] Cascada Los Césares

Así como todos los caminos conducen a Roma, en la Patagonia todos los senderos parecen conducir a una cascada. Cada caída de agua tiene características propias que las hacen únicas y atractivas.
Uno de esos lugares mágicos, donde la belleza de la naturaleza se manifiesta de un modo imponente, es La Cascada de los Césares.
El salto de agua se encuentra a unos 90 kilómetros de San Carlos de Bariloche, en dirección a los lagos Mascardi y Gutierrez, a 15 kilómetros de Pampa Linda, en el camino hacia el Cerro Tronador.
El sendero que conduce a la Cascada de los Césares se puede realizar a pie o a caballo. El trekking por el camino ascendente por momentos se hace realmente difícil, agotador, sobre todo si no se tiene buen estado físico. El esfuerzo bien vale la pena.

En las cercanías de la cascada, el sonido del agua que fluye con intensidad es un incentivo inquietante. Hay tres niveles de saltos que se hunden en un profundo cañadon, y en cada nivel hay miradores que  permiten una aproximación distinta al curso de agua que cae desde una altura de 80 metros.
La Cascada se alimenta de la laguna homónima, la cual se encuentra en una ubicación privilegiada y rodeada de bosques y un paisaje exquisito al que se llega al cabo de varias horas de caminata y que es una especie de oasis para los amantes de la pesca con mosca.
La leyenda cuenta que  fue en búsqueda de la Ciudad de los Césares que se organizaron muchas expediciones por la Cordillera tratando de obtener el tesoro de esa ciudad oculta. Atravesaron caminos difíciles de la Patagonia andina, seguramente no encontraron oro y piedras preciosas pero no hay dudas de que descubrieron un lugar lleno de riquezas.








lunes, 6 de abril de 2015

[‪#TURISMOCULTURAL‬] La importancia de llamarse Salamone

El nombre de Francisco Salamone resuena como un eco que se expande con énfasis en la llanura pampeana. Sus obras, desperdigadas en pueblitos bonaerenses parecen gritos que se propagan en la inmensidad. Como los faros que señalizan el camino de las embarcaciones, las creaciones de Salamone resaltan en pequeños poblados, y sirven como imán para los interesados en seguir sus huellas.

La memoria acudió con cierta pereza al rescate de este nombre, durante años sumido casi en el olvido. La revalorización de su obra, es un motivo para despertar la curiosidad y diseñar circuitos turísticos que permitan conocerla.
Allá por la década de 1930, para ser precisos, entre 1936 y 1940, Francisco Salamone, un arquitecto e ingeniero de origen italiano, se convirtió en el hombre fuerte del hormigón armado, por decirlo de alguna manera. Era amigo personal del por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco. Esa amistad, lo llevó a ser elegido por el gobernante para ejecutar obras en distintos pueblos del territorio bonaerense.

La década de 1930 fue una época de gran convulsión en todo el mundo, y Argentina no estaba al margen. Al crack financiero de 1929 se sumaba una década más tarde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y en Argentina no sólo se había producido ya el primer golpe de estado, sino que también se desarrollaba lo que se conocería como "la década infame". En ese contexto, el gobernador Fresco, era un personaje con ciertas inclinaciones ideológicas ligadas al fascismo, por lo que se creyó que Salamone también compartía sus creencias por las características de sus obras. Sin embargo, las crónicas de la época no pueden dar cuenta de ello. 
En aquellos años, la concentración de las actividades en la obra pública, era una forma de revitalizar la economía. En esas circunstancias, para el arquitecto fueron cuatro años vertiginosos en los que ejecutó más de 60 obras en 25 municipios. Algunas de sus construcciones subsisten y en la actualidad son motivo de asombro. Se especializó en tres tipos de edificaciones: edificios públicos, mataderos y cementerios. En contadas ocasiones se dedicó a plasmar su obra en casas particulares. 
La grandilocuencia de sus obras es exagerada para el tamaño de algunos pueblos. Sobre todo, teniendo en cuenta la época en la que fueron construidos, cuando muchos de los parajes se habían establecido a partir de los fortines y todavía estaba se hablaba de civilización y barbarie. En medio de la pampa, no pueden menos que llamar la atención. Así, como perlas desperdigadas por ahí, las construcciones de Salamone destacan en paisajes rurales. Piezas monumentales, contundentes, realizadas en hormigón armado, con líneas geométricas bien definidas, de rasgos duros, firmes. Art-Decó, futurismo italiano, funcionalismo, son los rasgos más frecuentes de estilos que pueden encontrarse en sus obras.

Los palacios municipales de Carhué, Guaminí, Tornquist, Puán, Pellegrini, Laprida, Alberti, Adolfo Gonzalez Chavez, Vedia, Coronel Pringles, son obra de Salamone. Habitualmente se destacan por contener una torre que se eleva simbolizando el avance contra la barbarie. La edificación de los mataderos busca la funcionalidad y se representan por una gran hoja de cuchilla. Los pórticos de los cementerios no son menos imponentes. Se destacan el de Saldungaray y el de Azul, con su gran Ángel de la Muerte custodiando el ingreso y su pesada y elocuente inscripción RIP.


Azul es uno de los municipios en los que se concentran varias de sus obras. Un centro de interpretación de la obra del Arquitecto Salamone permite conocer algunos detalles sobre sus producciones, y también los sitios dentro de la provincia en los que se encuentran otras de sus obras. 
Sobre la Ruta Nacional 3, el Cristo y la representación del via crucis que da la bienvenida a la ciudad, es el primer indicio. La Plaza San Martin, la principal, se caracteriza por los juegos geométricos, por el diseño de sus veredas combinando tonalidades con sensación de movimiento, desde farolas, bancos, macetones, todo está fríamente calculado en su disposición y diseño. El portal de ingreso al Parque Provincial Sarmiento, un espacio recreativo en el que también se advierte la impronta del paisajista Carlos Thays, el viejo matadero, ahora dedicado a la actividad apícola, con su enorme forma de cuchilla, y el impactante cementerio, forman parte del circuito que puede recorrerse.
Algunas otras localidades dentro del municipio también cuentan con sus obras, como los mataderos de Chillar y Cacharí. Pero si se quiere tener una visión de conjunto de la obra de este arquitecto, que murió prácticamente en el olvido en 1959, la visita a la ciudad de Azul es una buena opción.

domingo, 5 de abril de 2015

[‪#‎BIBLIOTECAVIAJERA‬]Días de Viaje. Relatos en primera persona.

Fantasías innatas que tienen ansias de volar. Imaginación que inspira. Deseo incontenible. El impulso es tan fuerte que es imposible detenerlo. En esos casos, lo mejor es entregarse. Pero no se trata de entregarse desde la pasividad, sino desde un lugar de concentración de energías para que todo fluya de un modo tan natural como inevitable.
Días de Viaje lleva primero a bucear por los propios anhelos, clarificar las ideas, desafiar los límites. Después, lo que resta es animarse, enfrentar las adversidades, y hacer del camino un hogar, una forma de vida,
Desde su más tierna edad, Aniko Villalba se anima a viajar, primero con su imaginación, después con su mochila. Arma un mundo, y después sale a conquistarlo. Sus días no se rigen por la misma rutina que unifica al resto, viaja por ahí, y cada anécdota se convierte en un hito que marca su vida. 
Su experiencia viajera le dio un cúmulo de conocimientos que ningún manual le hubiera enseñado, y que ningún título de la facultad puede acreditar. Como muchos viajeros, entre sus primeras lecciones aprendió que hay mucha gente buena y dispuesta a ayudar, echando por tierra muchos de los prejuicios con los que los mandatos sociales suelen acosar a cualquiera que esboce cruzar sus límites. Sus primeros pasos fueron por Latinoamérica, y su primer gran obstáculo lo encontró en el dengue, que la obligó a una estadía en un centro de salud y un retorno anticipado. Pero como no se trataba de simplemente de deshacer maletas, y quedarse cruzada de brazos resignándose a una vida diferente a la que había elegido, el universo jugó a favor para que al poco tiempo, Aniko se encontrara otra vez en la ruta. 

[‪#‎INFOTURISTICA] Turismo Religioso: Catamarca

Erguida frente a la plaza principal de la ciudad de San Fernando, la capital provincial, la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle de Catamarca, se deja descubrir de un modo instantáneo en un paisaje de construcciones predominantemente bajas.
  

Es que la capital catamarqueña tiene un perfil modesto, pausado, silencioso. En ese panorama, el color rojizo de su fachada, sus torres con campanarios que se impulsan para tocar el cielo y sus columnas imponentes, el frontis triangular y su marcada impronta neoclásica actúan como un imán irresistible. El templo, obra del Arquitecto Luis Caravatti, fue construido entre 1859 y 1875, y es uno de los más importantes de la provincia.
En su interior, la atmósfera silenciosa, de meditación, de respeto se expande a través de la nave principal, las dos laterales, y las capillas interconectadas. La cúpula tiene una altura de 42 metros,  y en su cúspide porta una cruz de hierro. Los vitrales de origen alemán que contienen imágenes religiosas  y los magníficos detalles interiores producen asombro. El atrio se prolonga hacia la vereda, como si el templo mismo hiciera expresa su integración con la comunidad e invitara a los transeúntes a conocerlo en profundidad. El altar mayor, realizado en mármol blanco de carrara, rinde homenaje a Nuestra Señora del Valle de Catamarca.

viernes, 3 de abril de 2015

[‪#‎DIARIODEVIAJE‬] No me moría por ir al cementerio, pero fui

Los cementerios siempre me dieron pánico. Me producen una sensación extraña que prefiero evitar.
Todo lo que tiene que ver con la muerte me genera un escalofrío que de sólo pensarlo me lleva impulsivamente a refregarme los brazos para tratar de evitar que se me ponga la piel de gallina. A veces también me sale hacer los cuernitos hacia abajo, pidiendo que la muerte se aleje de mi entorno. De hecho, cruzarme con un cortejo fúnebre ya me pone en una situación instintiva de reflexión, y pone a la defensiva mis pensamientos tratando de evitar los malos augurios. Ni hablar de pasar frente a una cochería, o tener que asistir a un velatorio. Mi ruego siempre es el mismo, poder evitar cualquiera de esas situaciones lo máximo que sea posible. Y que sea mucho.
Así que con todo ese cúmulo de sensaciones, ahí estaba, con el cronograma de lugares a visitar frente a la computadora, pensando en que no iba a quedarme otra que visitar el cementerio. Para mí era una apuesta arriesgada. Era como ir a golpearle la puerta a la muerte, visitarla en su casa. Con todo lo que siempre pretendo evitarla (si es que eso fuera posible) me encontraba allí, enfrentándola, asomándome a sus dominios. espiando su territorio.
Desde la vereda opuesta, observé la obra del Arquitecto Francisco Salamone, el mismo autor de diversas obras realizadas en toda la provincia de Buenos Aires allá por la década de 1930. Tanto como el viejo matadero, la entrada al Parque Provincial Sarmiento, la Plaza San Martín y el Cristo que está en la entrada a la ciudad, el cementerio de Azul es un testimonio de su obra.
Enormes bloques de cemento grisáceo conforman la fachada de estilo Art-Decó. Una cruz corona la obra arquitectónica, pero la inscripción RIP, en letras negras y con una tipografía no menos imponente, realmente dispara las más diversas películas de miedo. La entrada está custodiada por una figura imponente. Intimidatoria, diría. Un ángel con rasgos geométricos, duros, parece sobresalir de los límites de un ataúd (sí, ya sé, esto prácticamente es producto de mi imaginación). Sus alas, desplegadas, también imparten elocuencia con sus líneas geométricas. Imposible no sentirse pequeño, indefenso, entregado a lo inevitable. Y por supuesto, el máximo de los respetos.
El cementerio, por la característica de la obra de Salamone, es uno de los atractivos turísticos de Azul. De hecho, frente al camposanto se encuentra el Centro de Interpretación de la producción del arquitecto. 
Vencidos los temores, finalmente ingresé. Sintiéndome un poco profanadora, otro poco provocadora, y definitivamente siendo transgresora de las propias limitaciones. Una vez atravesado el ingreso, el oratorio esperaba por los rezos, y desde el semicírculo del ingreso, se disparan las calles interiores que llevan a caminar por entre la morada de los muertos. Y sí, me dio impresión. La atmósfera funesta me invadió. Pero ya había atravesado el umbral, así que seguí la calle principal. No quería ir entre las tumbas que estaban en tierra, son las que más me impactan. Creo que en eso inciden las películas de terror (que por cierto ya no miro, pero que inevitablemente dejaron su impronta en mi memoria) con las cuales imagino que una mano puede llegar a agarrarme de los pies. En el mismo sentido, los nichos me asustan, y me recuerdan a los cuentos que escuché en el campo, cuando era chica, historias que hablaban de muertos que en realidad estaban vivos y que arañaban sus sepulcros tratando de escapar, y que finalmente morían asfixiados. Ni hablar de la leyenda de la llorona. Las tumbas recientes, que tienen sus flores frescas, me generan la sensación de impregnarme con el aroma de la muerte, y aquellas que tienen rasgos de haber sido abandonadas, me llevan a la reflexión y me dejan sensación de tristeza.
El sendero principal se observa semidesértico, sólo alguna que otra persona eventualmente lo transitan llevando flores y rostros serios. Luego, silencio. Construcciones monumentales que despiertan la curiosidad. Estilos arquitectónicos diversos, con rasgos góticos, oscuros, recargados, algunos, más lineales otros, neoclásicos, neocoloniales. Estilos que reflejan las diversas épocas. Moradas de renombradas familias, ostentación, lujo, misterio. Materiales que resisten el paso del tiempo y otros que luchan por mantenerse en pie. Algunas bóvedas de fines del siglo XIX y otras de principios del siglo XX, están entre las más antiguas. 
Sorpresivamente estaba ahí, paseando entre las diversas categorías de la sociedad de los muertos. Las tumbas en tierra más allá, los nichos del otro lado, y en la calle principal las bóvedas más llamativas. Curiosamente la muerte que unifica a todos, mantiene las diferencias entre los vivos, aún en sus dominios.
  
El recorrido fue bastante llamativo. Quizá porque justamente siempre trato de evitar la visita a los cementerios, pero fue como realizar un viaje distinto, hacia el pasado, y también a través de los propios temores. En este caso, tratándose de un pueblo, y de la importancia de la obra de Salamone, el paseo era más que obligado. Tengo que decir que no me moría por ir... ¡por suerte! 







jueves, 2 de abril de 2015

[‪#‎INFOTURISTICA‬] Escapada: Uribelarrea, pueblo turístico

A escasos 80 kilómetros de la vorágine de la ciudad, un reducido pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires convida un poco de aire fresco y un clima inmejorable para pasar un buen momento. Calles de tierra, casas centenarias, dinámica campestre.
Uribelarrea es un pequeño poblado, que como otros, forma parte del Programa Pueblos Turísticos con el que la provincia impulsa a parajes de menos de 2000 habitantes a reconvertirse a la actividad turística y lograr su desarrollo. La oferta se concentra en su principal patrimonio, su historia, sus tradiciones. 
Fundado allá por fines del siglo XIX, la fisonomía de algunas de sus fachadas conserva aquellos rasgos típicos de la época. Miguel Nemesio de Uribelarrea fundó el poblado en 1890, y es en su honor que el lugar lleva su nombre. 
La plaza Centenario, es un buen refugio para cubrirse del sol bajo la sombra fresca de los árboles que rodean la vereda. Sus bancos inmóviles invitan a sentarse un rato a admirar el paisaje de ritmo lento que transcurre por sus calles. Bajo la sombra se establecen los puestos de venta de artesanías, de plantas, de huevos frescos de campo. La plaza, diseño del arquitecto Pedro Benoit -el mismo que trabajó en los planos de la ciudad de La Plata, junto con Dardo Rocha- tiene un trazado octogonal, una de las pocas que tienen esa característica en el país. Desde allí parten cuatro diagonales que llevan a transitar las calles tranquilas.
La Iglesia de Nuestra Señora de Luján -también creación de Benoit- llama la atención inmediatamente. Su fachada es sencilla pero su campanario se eleva hacia el cielo. Su interior tiene vitrales, en el altar la imagen central la ocupa la Virgen de Luján, y a los pies del altar se observa el escudo nacional, detalle poco frecuente en los templos del país. En los jardines, hay tallas de madera con imágenes religiosas. Hacia el fondo, una galería conduce hacia algunos locales de venta de productos regionales.
Las fachadas de las casas son un atractivo en sí mismo. Hablan del pasado, de la historia, de secretos bien guardados, de testimonios impregnados tanto como la humedad, que ahora con la llegada del turismo se vieron revalorizadas y se exhiben ante los rostros asombrados de los visitantes.
La actividad tambera fue la que más arraigo tuvo entre los habitantes que llegaron al lugar. Inmigrantes de origen vascos fueron los que se establecieron principalmente en el poblado. El tren fue un recurso necesario para el traslado de mercaderías. Por las vías por las que anteriormente se transportaba la materia prima obtenida en los tambos, transita en la actualidad el tren que sale de Constitución. El edificio que antes ocupaba personal del ferrocarril, en la actualidad es ocupada por la Policía. Frente a la estación, el Museo Regional de Máquinas y Herramientas, exhibe utilitarios típicos de las faenas rurales.
El pueblo tiene dimensiones reducidas, más allá de la arteria principal se extienden los campos. Extensiones que se prolongan hacia el horizonte con cultivos, con chacras, con animales de granja. Hay locales de producción de cerveza artesanal, que otorgan una excusa para seleccionar una mesa y permitirse degustarla acompañada de productos regionales. Los restaurantes guardan la estética del pasado, la ornamentación se basa en artículos antiguos. Su menú típico está basado en la carne a la parrilla.
A unos 15 kilómetros de Uribelarrea se encuentra Goñi donde puede visitarse el tambo de una familia pionera en la elaboración de dulce de leche de cabra, y donde también se realizan artesanalmente quesos, licores y alfajores.
El trajinar de los turistas durante el fin de semana, le da a Uribelarrea una dinámica que rompe con la habitual parsimonia. El deambular es frecuente entre las callecitas de tierra que se extienden bajo el sol radiante o a la sombra de los árboles. Para los que se animan al ejercicio, es ideal para recorrerlo en bicicleta.
Formar parte del programa Pueblos Turísticos, y su cercanía con la ciudad, le permitieron a Uribelarrea romper con su aletargamiento. El pueblo logró despertarse de una gran siesta donde los recuerdos que permanecían ocultos bajo un velo onírico, se muestran ahora frente a los ojos que en masa, curiosean su arquitectura, sus costumbres y degustan sus productos.



















lunes, 30 de marzo de 2015

[‪#‎INFOTURISTICA‬] Escapada: Pensar en Azul

Azul está teñida por un halo especial. Tiene en su nombre la intensidad del cielo, la profundidad del mar, y la referencia del arroyo Callvú Leovú, el nombre con el que los habitantes originarios llamaban al principal curso de agua, y cuya traducción al español da por resultado el nombre de la localidad.
Como un zafiro reluciente en la inmensidad pampeana, Azul se destaca entre tanto verde. A 300 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el centro geográfico de la provincia, su brillo es un imán que atrae con su promesa de descanso y tranquilidad.
El ritmo de la vida está marcado por el predominio de actividades agrícola-ganaderas. Los campos que se extienden más allá del casco urbano, pueblan las tierras de cultivos de cereales, y verduras. y también de vacas, ovejas, caballos y animales de granja.
Fundada en 1832 por Pedro Burgos, en el mismo lugar que en la actualidad ocupa la Plaza San Martín, la historia de Azul comienza a desplegar su magia. Alrededor de la plaza principal se ubican el edificio de la Municipalidad (construido en 1886), el Teatro Español y la Catedral de Nuestra Señora del Rosario. El conjunto forma parte del preciado patrimonio de la ciudad.
El Teatro, fundado en 1897, está considerado Monumento Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Permaneció cerrado entre 1976 y 1992, para luego ser reabierto y volver a ocupar un lugar destacado en la escena teatral azuleña. La Iglesia, de estilo gótico, es imponente. Data de principios de siglo XX. En su interior alberga vitrales traídos de Francia y la imagen de fines del siglo XIX de Nuestra Señora del Rosario, originaria de Italia.
La Plaza San Martín, es obra del arquitecto Francisco Salamone. quien realizó numerosas obras en toda la provincia entre 1936 y 1939 por encargo del entonces gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco. Ese espacio público se caracteriza por tener en su composición un juego de simetrías que combina líneas rectas y curvas. Las baldosas tienen una tonalidad que mezcla el blanco, gris y negro dando sensación de movimiento al suelo. Los bancos como las farolas y los maceteros con forma de copa enormes, son parte de ese juego geométrico. En el medio, la figura de San Martín, es la reproducción del monumento construido en Francia en el centenario del fallecimiento del prócer. Los espacios verdes, están cubiertos por rosales, y árboles entre los que se destacan las coníferas.
Algunas otras obras de este arquitecto que pueden visitarse en Azul son el Cristo que está en la entrada de la ciudad, sobre la Ruta Nacional 3, el matadero y el cementerio.
Desde 2007 Azul está considerada por la UNESCO como Ciudad Cervantina de Argentina. Es una de las pocas ciudades en el mundo que ostentan esa distinción. El honor se debe a la colección de obras del Quijote que tenía en su poder Bartolomé Ronco, un vecino de la ciudad, cuya patrimonio fue donado a la biblioteca. Esa distinción promueve que cada año se celebre en Azul el Festival Cervantino. También a causa de ello se encuentran frente al paseo costero, las esculturas realizadas en chatarra por el artista Carlos Regazzoni, del Quijote, Sancho Panza, Rocinante, el galgo corredor y Dulcinea.  
El Paseo Costero que bordea el arroyo Azul es un espacio destinado a la práctica de deportes y actividades al aire libre. Siguiendo ese trazado, se llega al Parque Domingo Faustino Sarmiento. El espacio recreativo fue diseñado por el paisajista Carlos Thays (el mismo que diseñó algunos de los principales espacios verdes de Buenos Aires, como el Parque 3 de Febrero y el Pereyra Iraola). Son 22 hectáreas de puro verde con casi 250 especies de árboles y arbustos que le dan al lugar una atmósfera especial. Entre la vegetación se descubren algunas esculturas. Es un lugar ideal para el sosiego, pero también para caminar y hacer ejercicios. En su entrada principal, se ubica otra de las obras del arquitecto Salamone.
El Balneario Almirante Brown es en verano el eje de concentración de turistas y locales. El cauce del arroyo Azul se convierte en una pileta natural. Hay una oficina de informes turísticos, restaurantes y bares y un extenso espacio de recreación. Un poco más allá, el camping municipal da la bienvenida con todos los servicios a quienes deseen acampar.
A 40 kilómetros de la ciudad se puede disfrutar de un paisaje serrano. Las sierras forman parte del sistema orográfico más antiguo del planeta. Boca de las Sierras es un parador turístico donde se pueden realizar caminatas, cicloturismo, rappel y tirolesa. En las cercanías de este espacio de contacto con la naturaleza, se encuentra el Monasterio Trapense, un convento de estilo medieval que atrae la atención de los turistas. Allí realizan retiros espirituales algunas personalidades destacadas del país. Hay que destacar que si no se cuenta con vehículo, a estos lugares se llega sólo mediante excursión ya que no hay servicios de transporte público que permitan conocer el lugar por cuenta propia.
Recorrer la ciudad en bicicleta es una excelente opción para unir los distintos atractivos turísticos.
En la Oficina de Turismo que se encuentra en la Terminal de Ómnibus se realiza alquiler de bicicletas a un precio muy accesible. Una oferta demasiado tentadora para dejarla pasar.
Azul es un lugar especial para descansar, para reencontrarse con la dinámica pueblerina, para dejarse atrapar por la mística de los edificios más antiguos que cuentan un poco de la idiosincrasia de la ciudad y sus gente. Algunos autos cuyos modelos ya no se ven circular por la gran ciudad forman parte de un paisaje que sorprende. Azul cuenta servicios de alojamiento para todo perfil de viajeros, una variada oferta gastronómica y agencias de turismo para realizar excursiones. No hay excusas para no contarla como opción para la escapada del fin de semana. Azul es el color del cielo, y también del mar. Pero también es la tonalidad que adoptan el relax, la historia, la arquitectura y las actividades al aire libre. Todo se tiñe con una tonalidad que se vive con intensidad.