jueves, 2 de abril de 2015

[‪#‎INFOTURISTICA‬] Escapada: Uribelarrea, pueblo turístico

A escasos 80 kilómetros de la vorágine de la ciudad, un reducido pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires convida un poco de aire fresco y un clima inmejorable para pasar un buen momento. Calles de tierra, casas centenarias, dinámica campestre.
Uribelarrea es un pequeño poblado, que como otros, forma parte del Programa Pueblos Turísticos con el que la provincia impulsa a parajes de menos de 2000 habitantes a reconvertirse a la actividad turística y lograr su desarrollo. La oferta se concentra en su principal patrimonio, su historia, sus tradiciones. 
Fundado allá por fines del siglo XIX, la fisonomía de algunas de sus fachadas conserva aquellos rasgos típicos de la época. Miguel Nemesio de Uribelarrea fundó el poblado en 1890, y es en su honor que el lugar lleva su nombre. 
La plaza Centenario, es un buen refugio para cubrirse del sol bajo la sombra fresca de los árboles que rodean la vereda. Sus bancos inmóviles invitan a sentarse un rato a admirar el paisaje de ritmo lento que transcurre por sus calles. Bajo la sombra se establecen los puestos de venta de artesanías, de plantas, de huevos frescos de campo. La plaza, diseño del arquitecto Pedro Benoit -el mismo que trabajó en los planos de la ciudad de La Plata, junto con Dardo Rocha- tiene un trazado octogonal, una de las pocas que tienen esa característica en el país. Desde allí parten cuatro diagonales que llevan a transitar las calles tranquilas.
La Iglesia de Nuestra Señora de Luján -también creación de Benoit- llama la atención inmediatamente. Su fachada es sencilla pero su campanario se eleva hacia el cielo. Su interior tiene vitrales, en el altar la imagen central la ocupa la Virgen de Luján, y a los pies del altar se observa el escudo nacional, detalle poco frecuente en los templos del país. En los jardines, hay tallas de madera con imágenes religiosas. Hacia el fondo, una galería conduce hacia algunos locales de venta de productos regionales.
Las fachadas de las casas son un atractivo en sí mismo. Hablan del pasado, de la historia, de secretos bien guardados, de testimonios impregnados tanto como la humedad, que ahora con la llegada del turismo se vieron revalorizadas y se exhiben ante los rostros asombrados de los visitantes.
La actividad tambera fue la que más arraigo tuvo entre los habitantes que llegaron al lugar. Inmigrantes de origen vascos fueron los que se establecieron principalmente en el poblado. El tren fue un recurso necesario para el traslado de mercaderías. Por las vías por las que anteriormente se transportaba la materia prima obtenida en los tambos, transita en la actualidad el tren que sale de Constitución. El edificio que antes ocupaba personal del ferrocarril, en la actualidad es ocupada por la Policía. Frente a la estación, el Museo Regional de Máquinas y Herramientas, exhibe utilitarios típicos de las faenas rurales.
El pueblo tiene dimensiones reducidas, más allá de la arteria principal se extienden los campos. Extensiones que se prolongan hacia el horizonte con cultivos, con chacras, con animales de granja. Hay locales de producción de cerveza artesanal, que otorgan una excusa para seleccionar una mesa y permitirse degustarla acompañada de productos regionales. Los restaurantes guardan la estética del pasado, la ornamentación se basa en artículos antiguos. Su menú típico está basado en la carne a la parrilla.
A unos 15 kilómetros de Uribelarrea se encuentra Goñi donde puede visitarse el tambo de una familia pionera en la elaboración de dulce de leche de cabra, y donde también se realizan artesanalmente quesos, licores y alfajores.
El trajinar de los turistas durante el fin de semana, le da a Uribelarrea una dinámica que rompe con la habitual parsimonia. El deambular es frecuente entre las callecitas de tierra que se extienden bajo el sol radiante o a la sombra de los árboles. Para los que se animan al ejercicio, es ideal para recorrerlo en bicicleta.
Formar parte del programa Pueblos Turísticos, y su cercanía con la ciudad, le permitieron a Uribelarrea romper con su aletargamiento. El pueblo logró despertarse de una gran siesta donde los recuerdos que permanecían ocultos bajo un velo onírico, se muestran ahora frente a los ojos que en masa, curiosean su arquitectura, sus costumbres y degustan sus productos.



















No hay comentarios:

Publicar un comentario