domingo, 19 de abril de 2015

[‪#‎BIBLIOTECAVIAJERA‬] Los viajes de Germán Sopeña

Germán Sopeña, periodista de extensa trayectoria en el Diario La Nación, era también un viajero recurrente. Además de andar por Europa y varios puntos del globo, tenía una relación intensa con la Patagonia, lugar que recorrió incansablemente.
La libertad es un tren es un relato de los viajes que el cronista realizó por motivos laborales, pero que le permitieron no sólo conocer diversos países, sino también gozar de su gran pasión por el ferrocarril.
En cada página, el lector conoce las estaciones, horarios, rituales, se sube a los vagones, cena en los coches comedor, duerme en los camarotes, viaja por toda Europa, y se deja sorprender en cada sitio con las anécdotas de Sopeña. Conoce el Polo Norte, se asombra con el sol de medianoche, se sumerge en una Polonia conflictiva de la década del `80, y finalmente se embarca en el Transiberiano, un itinerario extenso y fantástico a la vez.  Siguen China, Japón, Irak en plena Guerra del Golfo y Sudáfrica.
Más tarde es el turno de Estados Unidos, país en el que recorre los 5401 kilómetros entre Nueva York y San Francisco a través de las líneas Lake Shore Limited y el San Francisco Zephyr. Luego es el turno de Canadá, donde un nuevo viaje, esta vez en el Canadian Pacific lo lleva a superar las distancias de oeste a este, de Vancouver a Montreal, En América Latina puede recorrer en tren algunos tramos en Perú, Bolivia y Argentina.
A medida que se avanza en las páginas, el conocimiento de líneas férreas, trayectos que cubren, maquinarias que utilizan, y otros detalles, terminan por hacer que los lectores definitivamente se sumen a la liga de los amantes del ferrocarril.
Si a partir de La libertad es un tren, es imposible no amar los trenes. A través otros libros como La Patagonia blanca, viajes a los hielos continentales, y Memorias de Patagonia, crónicas, escenarios, personajes, el enamoramiento con esa región  del país (si no existía con anterioridad) será igualmente inevitable.
Semidesértica, fría, atrapante, desafiante, solitaria, ventosa, bella. Germán Sopeña no pudo escapar al hechizo de la Patagonia. Infinidad de veces recorrió la región, y sin dudas, se dejó atrapar absolutamente por su paisaje, por sus misterios, su atractivo.
Fue montañista amateur (inclusive intentó el ascenso al Aconcagua), y un entusiasta de los hielos continentales. Participó en expediciones uniendo en su recorrido varios tramos helados. Muchos de sus artículos periodísticos vinculados a esas experiencias cobran nueva vida en La  Patagonia blanca. Avanzar en la lectura es querer desear a cada momento estar recorriendo esos mismos lugares, disfrutar de esos paisajes, y anhelar transitar por esas mismas latitudes heladas. Otros de sus escritos que expresan en palabras sus vivencias por la zona cordillerana, especialmente desde El Calafate y El Chaltén hacia el norte de la provincia de Santa Cruz y Chubut, fueron publicados en diversos medios, y alimentan las Memorias de Patagonia.
Sus letras se acomodan como piezas de encastre en relatos que resultan cautivantes. Mientras que la pasión se evidencia en cada anécdota, en cada tramo recorrido, el oficio del periodista hace que la información sea consistente y la redacción fluida.
Germán Sopeña murió el 28 de abril de 2001 en un accidente aéreo cuando se dirigía nuevamente hacia la Patagonia, para asistir a la colocación de una placa y el izamiento de la bandera en el Parque Nacional Los Glaciares, en el mismo lugar que lo había hecho el perito Moreno por primera vez en 1873.
La Libertad es un tren, no se consigue en las librerías. En cambio, La Patagonia blanca y Memorias de Patagonia, son libros que se encuentran en mesas de saldos a precios muy accesibles. Si se llegan a cruzar con algunos de estos libros, su lectura es más que recomendable.



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